Hace algunos meses Malpaís Ediciones publicó Ensayos y otras conversaciones de José Manuel Mateo. Un poemario que es una declaración, según palabras del propio poeta, de conformidad con «la cualidad espectral de una escritura fundada en la palabra de otros».

El poemario inicia como una invitación al viaje, una inmersión en mar abierto sobre Bucareli en un país (¿México?) que «ha sido… / una declaración de ausencia / de ineptitud frente a la noche» en compañía de seres pelágicos como aquel que «va por corrientes mientras piensa / en este simulacro funerario / feliz o inmaculado / ‒según la diástole».

Los poemas crecen en medio de «una parálisis geológica / una ceguera sedimentada en lo profundo de los huesos» y es por esa razón que también el mundo se construye en un diálogo exterioridad-interioridad permanente, es decir, entre «el perfil enrojecido de la tarde» y «el amor que se gesta proféticamente». La inmersión provoca, desde luego, la sensación de fragilidad: un algo que se tensa en los poemas como ramas que no acaban de quebrarse.

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El paisaje exterior, el «resplandor estadístico / la proliferación de cuerpos que maduran como granadas» cae al igual que un manto sobre estorninos, quiscales y gorriones «como si el canto / se hubiera congelado / y trozos de cielo / terriblemente azules / se vinieran abajo»; esos golpes de los heraldos que recuerdan a César Vallejo son en este país «combustión / de pan / sin hueso alguno / para el forense».

Sobre el poemario como sobre un país donde «jesús despacha tragos / en un bar de providencia» crece la presencia del «garfio que desgarra / lo sublime / para dejarnos / el ridículo / o la pornografía» o la providencia nefasta de «las costillas de las mujeres / desmembradas».

En este paisaje hasta Jesús está atrapado: «experto y eficaz / prepara copas / con la indolencia / de quien sangra / en horario continuo» y no consigue comunicarse: «¿aló? // nadie contesta // y el cristo / toma el celular / de nuevo / para dejar mensaje / en el buzón / del padre eterno».

En este paisaje todos estamos un poco sucios, un poco manchados, nos acompañan «coágulos precarios» y la imposibilidad de salir de ese conjunto de anti-postales que van del infarto a la dislalia. No hay respuestas del poeta, sólo preguntas como hechas a la mitad de la noche. En esta maquinaria burocrática e industrial de muerte que ya no implica ninguna novedad sino la regla sólo cabe decir qué número nos corresponde, «¿qué número / vamos a tatuarnos: / los muertos (?)». Aquí puedes comprar los libros de Malpaís Ediciones.