Guiadas por Rolando Hernández y Gudinni Cortina, las sesiones de Umbral celebran 3 años de presentar al público experimentación, performance, acciones, pero sobre todo reflexión en torno al sonido y a la escucha.

Desde su inicio en 2013, las sesiones de Umbral han invadido distintos espacios en la CDMX y se han transportando a muchos otros fuera de su límite, siendo el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca (MACO) uno de los más concordados.

Durante su [relativamente] corta vida, Umbral ha mutado su incesante búsqueda de música experimental para convertirse en “un espacio sin categoría pensando -irónicamente- no como un espacio no categorizado, sino como aquel que tiene la capacidad de ser maleable a distintos contextos y no tiene la necesidad de estar definido por acción en concreto” (Hacia ninguna categoría).

Muestra de ello es su edición número 28, que reunió talento de México, Estados Unidos, Alemania, Colombia y Chile. La edición -que formó parte de su 3er aniversario- incluyó 4 noches de conciertos, intervenciones, primeras colaboraciones, una exposición con curaduría de Andrés Oriard y 4 pre eventos en colaboración con Buró Buró y el Abierto Mexicano del Diseño.

El desenlace de Umbral en la CDMX el pasado viernes 28 de octubre se presentó como un todo contemplativo y vibrante que mucho tardará en encontrar una puerta de salida de los oídos de quienes  asistimos a aquella sesión.

La noche comenzó con Santiago Astaburuaga quién interpretó la pieza del también chileno Nicolás Carrasco “Sin título”; compuesta por bajo eléctrico, desarmador, pedaleras y un ovni [objeto vibrador no identificado]. Al performance se le añadieron los sonidos de la cercana Avenida de los Insurgentes (la más prolongada en México y también la de mayor circulación) y un grillo de acompañamiento durante las pausas que lograron incorporarse para conformar un momento irrepetible.

Tocaba el turno del colombiano David Vélez, quien despertó nuestros sentidos gracias al microfoneo que realizó desde la cocina del lugar. Así, un sonido amplificado de aceite en su punto y un olor que recuerda la gastronomía de México y Latinoamérica recorría sutilmente el sitio mientras que el artista utilizaba, además de audio que salía de una laptop, sonidos de trastes, velcro y un cepillo para su pieza. Vélez realizó la fantasía de cualquier niño al utilizar un rollo de “plástico de burbujas” y caminar encima de el.

Desde su trinchera, Christian Mirande sorprendió con un set de frecuencias oscilantes que nos daba la impresión de estar sumidos en un espacio fluctuante muy lejos de la concentración citadina. Mientras que Anette Krebs sacudió neuronas con construcciones grabadas y modificadas en vivo donde el timbre y la plasticidad de las ondas sonoras modificadas ofrecían distintas experiencias acústicas.

El cierre de la velada estuvo a cargo de Walter Schmidt, cuyo trabajo ha cambiado la historia de la música en nuestro país. Schmidt presentó obras compuestas para esta noche: La primera llamada “L´Vampyr” y la segunda, una versión a “The wooden soldier and the China doll”, acción que sin duda habla de la inquietud, compromiso y calidad de un artista con una producción sonora tan amplia.

La nave de Umbral partió así a la ciudad de Oaxaca para su última presentación en el MACO, no sin antes dejar un eco que esperemos continúe resonando en las frecuencias de nuestro tiempo y ciudad.

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