Captura de pantalla 2017-06-07 a la(s) 16.41.09

Hablemos del miedo, de los miedos que respaldan nuestra forma de relacionarnos, esos que reafirman nuestra identidad y exponen quienes somos.

Hablar de ese miedo a no herir como ya lo he hecho antes, se compara con tú miedo a vivir, ambos en dos corrientes diferentes: tú navegas en el río con un sentido y yo en el mar de la sinrazón.

Ese miedo que me aleja del sentimiento y busca en la apatía una paz que se perdió por la intensidad de la vida.

Tu miedo al futuro y a dejar de ser infante y afrontar los miedos que crean los demás es casi igual a mi miedo por no navegar en tu misma dirección.

Hoy pienso en tus miedos y en los míos, y pienso que es mejor compartirlos, hacer un compendio de ellos y afrontarlos, y hacer cuentas de aquello que hemos perdido por los miedos.

Miedo a Dios, miedo a la policía, miedo a los políticos, miedo al coco, miedo a tu mamá y a que no hayas hecho la tarea, miedo a que descubran que mientes (igual que el de al lado), miedo a verte como un tonto, miedo a morir, miedo a que te asalten, miedo al amor, miedo al desamor, miedo a la soledad, miedo a una mala compañía, miedo a que un temblor acabe con la ciudad. En fin, todos los días hay un miedo que acompaña nuestros pasos, el punto es saber cada cuándo cambias de miedos.

Así, conversar con tus miedos y los míos me lleva a esa sonrisa que intenta recuperar el miedo a la oscuridad y a no tener miedos tan complejos como los que hoy en día hemos creado.