La exposición de los ganadores de la XVII Bienal de Fotografía ha causado gran controversia. Después de su presentación, en redes sociales explotaron comentarios críticos y otros no tanto, pues en esta ocasión crecieron los criterios de selección; más allá de la técnica, se amplió a los procesos y a las nuevas prácticas que involucran llevar a cabo esta actividad, acercándola a más ámbitos y conceptos. Con lo anterior se corre el riesgo de que la Bienal no pueda definirse por sí sola, lo que debería llevar al jurado a una explicación que responda a la pregunta ¿qué criterios toman de una obra para incluirla dentro de la clasificación “fotografía”?

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La verdad es que al explicar el arte fotográfico, cualquier palabra utilizada se queda corta, pues al abrirlo e incluir otras prácticas, los conceptos se multiplican y se fragmentan en miles de miradas, distintas y únicas, complicando el momento de delimitar lo que sí y lo que no podría ser ‘foto’.

Como una solución a estas dudas, el Centro de la Imagen abrirá en enero algunos debates para mostrar algunos puntos de vista de artistas y curadores. Sin embargo, habría que observar la comunicación que tiene la Bienal con sus distintos públicos, pues parece que en esta ocasión los conceptos con los que calificaron carecen de difusión y sólo se lanzaron a los ganadores, sin expresar abiertamente las razones de por qué encontramos dentro de la exposicion instalaciones o arte objeto. No sería la primera ocasión donde la misma obra se incluye en distintos ámbitos, la Historia del Arte se ha encargado de explicárnoslo.

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Sin duda, la violencia y las agresiones por redes sociales hablan de un profundo desconocimiento sobre los puntos que se tomaron en cuenta para realizar la selección, ya que al salir de lo tradicional y buscar nuevos medios no se explicaron lo suficiente los conceptos. Y aunque pareciera que ya es algo que ‘todos deben saber’, los organizadores pueden entrever que existe una profunda confusión entre conceptos, técnicas y saberes.

Como conclusión puedo decir que hay una carencia de educación en torno al arte fotográfico, y si existe queda sólo entre los artistas y los curadores.No caería mal que se impartieran más cursos y diplomados para aquellos admiradores de la foto, además de abrir espacios para aquellos cuya curiosidad poco a poco los acerca a conocer otra cara de la fotografía, con diversas perspectivas y ángulos para reflexionar acerca de la realidad que nos circunda.

No dejemos de ir a la muestra, que estará hasta marzo, para así formarnos un criterio de lo que observamos en ella, y recordar que no hay que ser expertos sino tener esa pizca de interés para investigar, reflexionar y analizar dichas obras. Ya esperaremos esos debates para asistir, aprender y participar en el proceso de la transformación de la fotografía contemporánea.

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