por Benjamín E. Morales
@tuministro

Hablar de Linda Perhacs (EEUU, 1944) no es hablar de grandes locuras o anécdotas trágicas, tampoco de eventos disparatados y finales abruptos; es hablar de un talento poco común, una vida rezonable, dos discos (hasta el momento), una voz en la oscuridad y la celebración de la espera.

linda

La historia es rápida y sencilla. Linda creció con una notable predisposición al viaje, no al que le podían facilitar drogas o diferentes técnicas que la humanidad ofrece, sino en el viaje que su propia mente le invitaba a emprender. Desde pequeña su relación con el sonido, el movimiento y los colores la volvieron algo así como un extraño producto de la imaginación de un Wes Anderson aún por nacer. Y claro, con esta facilidad para generar armonías intrincadas de tonalidades y vibraciones, la oriunda de Mill Valley, California, decidió tomar el siempre temerario camino de la higiene bucal, convirtiendose en Asistente Dental.

Pero la vida no quería que el regalo que le había dado quedara en el anecdotario de una sencilla amante de los dientes. De manera que las condiciones se pusieron para que uno de sus clientes fuera Leonard Rosenman, un importante compositor de música para cine y televisión, que, por coincidencia, escuchó un demo de algunas canciones que la muchacha componía en sus tiempos libres. Estas piezas le parecieron tan particulares e intuitivas, que lo primero que pensó es que debían ser grabadas bajo su producción. De este encuentro nace Parallelograms de 1970.

El disco editado por Kapp Records pasa como una sombra por las tiendas y la artista se niega a promocionarlo porque una voz le aconseja no hacerlo. Prefiere regresar a su carrera, prefiere sus caminatas por el campo, pensar, ver pasar las estaciones, y callar. No hay terribles sucesos, o no más terribles que los que la vida ofrece. No hay pesadillas ni clínicas de rehabilitación. La mente de Linda hace lo que sabe hacer mejor: inventa su propio mundo, plagado de sus sonidos y sus colores. Y así pasan 30 años.

A inicios del año 2000 la disquera de folk The Wild Places logra encontrar a Perhacs. Y vienen con una noticia importante. Mientras ella ha dedicado sus últimas décadas a los molares y las encías, toda una generación de nuevos artistas y locos de los bosques, con Devendra Banhart a la cabeza, la han considerado como una diosa perdida entre la bruma de los tiempos. Su disco Parallelograms es una obra de culto, y no sólo entre niños blancos y sensibles, también aparece sampleada constantemente en discos importantes del Hip Hop, como en el Life After Death del Notorious B.I.G. por mencionar alguno. La voz que en algún momento de pidió se alejara de los peligros del camino ahora parece decir: la espera ha terminado, es momento. A partir de este año su disco debut se reedita y se ensancha. Su regreso inusitado genera escándalo y algarabía. La reina de las hadas está de vuelta. Y en 2014 lo inevitable, su segundo disco: The Soul of All Natural Things.

La ahora sabia anciana promete un disco nuevo pronto, pero no podemos decir que vaya a suceder. Del mismo sólo hemos escuchado The Dancer. El tiempo y Linda Perhacs no están peleados, simplemente viven a la distancia y se respetan mutuamente, saben que no tienen grandes temas de conversación. Lo cierto es que el mundo ya no necesita más canciones de ella, y nunca las necesitó. Y ella lo sabe, y su mundo lo sabe, porque su mundo son sus canciones y sus colores y a ese sólo hemos sido invitados en muy pocas ocasiones. De ella que nos baste Parallelograms, una obra compleja e inocente, sin más fundamentos que la expresión de un alma muy particular, sin demasiadas miras y pocas ambiciones.

A veces somos injustos con estos animales de extrañeza, demandantes como buenos hijos de nuestra era. Sin embargo hay mucho arte en dar poco, o dar nada, para comenzar el verdadero motivo de la entrega: esperar. Linda Perhacs espera, nació esperando, y esperará. Y nunca ha necesitado que nadie lo haga con ella. En su dimensión particular y bajo los tonos de sus leyes, todos somos apenas cómplices de un lenguaje onanístico. Y ahí, al fondo la voz sigue hablando con Perhacs. Nos enteraremos cuando debamos hacerlo, si es que es necesario. (Seguir leyendo…)