«A Loose-Fish is fair game for anybody who can soonest catch it.» Moby Dick

Si la música se parece al mar, y lo habitamos todos, hay especies raras, que se ven poco y extraña vez son capturadas. Aquí surcamos las olas para hacerlos más evidentes.

por Óscar Muciño
@opmucino

nakos

Reducir el movimiento estudiantil de 1968 a la matanza es un vicio nuestro. Alrededor de la huelga y de sus diferentes manifestaciones surgieron variadas formas de generar redes de comunicación y de difusión de información. En esos dos meses de movimiento estudiantil ocurrieron la mítica manifestación del silencio del 13 de septiembre, las salidas a botear donde se integraron muchachas de colegios católicos, la entrega de volantes que cambió la forma de vestir pues se requerían prendas cómodas para huir de la policía, los mítines relámpago sobre toldos de camiones que evitaban la presencia de granaderos. De entre estas manifestaciones de protesta estuvo la canción paródica y de sátira política.

Ismael “Mailo” Colmenares con su guitarra, junto a José Martínez, José Ramón Castillo y Armando Vélez se juntaban en las “islas” de Ciudad Universitaria para cantar canciones de moda como “And I love her” de The Beatles; cuando inició la huelga estos jóvenes decidieron subirse a los caminones que transitaban por avenida Revolución y por Insurgentes, y subían a cantar parodias de tonadas de comerciales o canciones conocidas, donde las letras eran cambiadas por líricas de contenido político. Por ejemplo, cambiaban la letra de “Los tres cochinitos” de Cri Cri, cantando: “Tres estudiantes están en la cárcel, muchos trancazos les dio Díaz Ordaz”. Estos jóvenes notan que sus canciones parodia tienen éxito con la gente que se transportaba en los camiones y deciden seguir por ese camino.

Deciden nombrarse Los Nakos. Al respecto dice Ismael Colmenares:“Nos pusimos Los Nakos porque era fácil de aprender. Con K para que se viera más naco. Con un sentido político además, por toda la gente que llega del campo a la ciudad y a la que se le llama nacos. Siempre que se habla de un naco, uno piensa que es el que está al lado, pero que no se trata de uno. Nosotros lo asumimos y tratamos de amortiguar ese sentido peyorativo que tiene la palabra”. No es casualidad que en la década de los 70 Francisco Barrios haya pertenecido a la agrupación, antes de formar parte de esos reinvindicadores del naco es chido que son la Botellita de Jeréz.

El mismo año de 1968 lanzan su primer LP de título homónimo, esta grabación abre con el tema “El Che no se fue de Cuba”, desde el título puede colegirse cuál es la línea temática de la canción. El track que más arraigo encontró en la gente fue la “Balada del granadero”, parodia del tema del barcelonés José Guardiola “La balada del vagabundo”.

Antes había jingles, canciones emblemáticas que diferenciaban un producto de otro (a eso llega la nostalgia, a hacernos añorar comerciales), ahora hay sonidos de notificaciones de nuevos mensajes que distinguen una aplicación de otra. Los Nakos aprovecharon esa memoria apoyada en el marketing para que sus composiciones tuvieran un espacio en la mente de las personas, utilizaron una tonada de un comercial de Coca-Cola para su canción Droga-Cola.

Yo los descubrí en un vinilo propiedad de mi madre, quien al parecer tiene un pasado rojillo y contestatario que luego, cuando ya fue jefa de familia, cambió por un desprecio por lo institucional ejecutado desde su puesto de trabajo en el IMSS y diseminado en mi hermana y en mí durante las horas de la comida. Las canciones del disco me causaban un desazón cuando era niño, muchas de las consignas no las entendía y el sonido me parecía diferente a todo lo que sonaba en la radio y en mi entorno en ese momento. Una de las que mayor extrañeza me causaban era “El diputado”, una narración sobre cómo un joven ve cumplidas sus ambiciones de ser Diputado del R.I.P. o del P.I.R; las vocalizaciones, las referencias a temas sexuales, las alusiones al gobierno rebotaban causando mucho ruido en mi cerebro infante. (Seguir leyendo…)