Jazz suavecito de fondo y la imagen en blanco y negro. El escenario: la capital, melancólica de Alemania. Oh, Boy!, 24 horas en Berlin es la crónica de un joven que vaga por la ciudad topándose de frente con la realidad que debiera comenzar a enfrentar. El día empieza con esa fatalidad cotidiana de cuando todo sale mal. El detalle más mínimo como beber una tasa de café acompaña las tragedias cómicas que le van sucediendo durante las 24 horas que se narran en esta ligera película de hora y media.

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Niko no tiene ni un centavo de euro en la bolsa, acaba de terminar una relación amorosa y lleva dos años de haber abandonado sus estudios universitarios para reflexionar. Cuando está a punto de alcanzar la “gloria”, la situación común lo derrumba, y cuando Niko ya no puede más y lo único que desea es un trago acompañado de soledad, las palabras de un hombre sabio le envuelven la memoria reviviéndole el corazón y acercándolo a la muerte.

Pero más que el retrato sobre los conflictos a los que se enfrenta el personaje, es una película que con humor amargo retrata el absurdo de los sucesos habituales de la vida, permitiéndole al público burlarse de la desgracia del personaje. Un conjunto de escenarios en los que se desenvuelven los personajes más hostiles, excéntricos, frustrados e incomprendidos que contextualizan la confusión de Niko al no encontrar su lugar dentro de la sociedad. Un dibujo cinematográfico sobre la vida y su complejidad, sobre una ciudad y sus habitantes y, principalmente, sobre el ser.

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Es irónico cómo uno puede llegar a entender el comportamiento de los demás, pero nunca comprenderse a sí mismo.

Oh, Boy! 24 horas en Berlin, dirigida por Jan Ole Gerster, se puede encontrar en la plataforma Filminlatino. Aquí.