A pesar de llamar constantemente mi atención, no fue sino hasta después de ver Luz de luna que pude apreciar y entender a fondo su póster, el cual nos hace recordar que una cinta completa se comunica comenzando desde allí.

La película se desarrolla cronológicamente a manera de tríptico recorriendo episodios significativos cuando niño, adolescente y adulto joven en la vida del personaje protagonista en un violento barrio de Miami donde el tráfico de drogas y la desconfianza entre unos y otros es algo habitual.

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La cámara, la cual aprovecha sin saturarse el recurso de moverse abruptamente, lo hace en los momentos precisos para retratar el áspero ambiente en el que se desenvuelve la historia; conjugando junto con las concisas actuaciones un filme íntegro para la cinematografía mundial.

Si bien los aspectos técnicos envuelven una propuesta sólida, la premisa narrativa declara un asunto de la condición humana del cual todos hemos sido partícipes. Durante el primer acto el protagonista se relaciona con una figura masculina quien manifiesta la pregunta: ¿quién eres tú?, detonando de esta manera y a lo largo de la cinta el descubrimiento sobre quién es el personaje.

La búsqueda de la identidad es la construcción de la misma. Little, Chiron o Black, quien se comunica más a través de la mirada que con palabras habladas, crece hasta conseguir la respuesta sobre quién es él mismo.

Luz de luna es importante. Resulta romántica de la manera menos esperada mientras aborda a dos sectores segregados de la sociedad en el mismo personaje dentro de un contexto de intolerancia. Recordándonos que hay que apostar por la aceptación e inclusión de estas –y todas- las minorías.

Se presenta actualmente en la Cineteca Nacional.