El amor está en todas partes. Puede uno ser testigo de este o bien encontrarlo en cualquier parte del  mundo, en cualquier calle o en algún parque. Murphy lo encontró en Francia, halló a uno de varios amores, quizá, pero lo que sí es indudable es que fue el más genuino y doloroso. La última cinta de Gaspar Noé, narra la historia de un estudiante estadounidense de cine quien durante el 1 de enero recuerda a Electra, ex novia que pasó a serlo una vez que él embarazó a otra chica.

Sangre, esperma y lágrimas son la esencia de la vida, lo que debieran contener todas las películas, según uno de los diálogos de Murphy, y eso es lo que hay en Love (Francia, Bélgica, 2105). Sangre no de la que remite a la muerte y a la violencia sino sangre que bombea aludiendo a la pasión sexual. Noé retrata el amor joven, que se promete eterno y termina siendo devastador, a través de su carácter intrínseco: el sexo, que también está en todas partes.

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Primera toma y el espectador se encuentra frente a una de las tantas escenas de sexo explicito no actuado, por lo que podría catalogarse como pornografía dura en su versión artística –en una de las tomas el pene apunta hacia la cámara salpicando de esperma al espectador (la película está filmada en 3D)–, pero pareciera más bien una crítica que busca rescatar de la obscenidad al sexo, un acto que también se hace con y por amor.

En entrevista con The Guardian, el director argentino expresó sorpresa ante el hecho de que esta película haya causado más polémica que la violencia de Irreversible o las drogas de Enter the Void, sus cintas anteriores. Vivimos en un mundo «donde las manos con pistolas [a diferencia de las manos con penes] son más normales. Y eso es un gran problema cultural occidental».

Love ha sido criticada tanto positiva como negativamente. En nuestro país se presentó en el Festival Internacional de Cine de Morelia y estuvo muy poco tiempo en salas, fue restringida por su contenido sexual. Si no la viste, vela por internet aquí o por MUBI.