Generalmente Suiza es un país conocido a nivel mundial por sus chocolates, quesos, montañas y, claro, sus bancos; raramente por su cine.  Pero cuando la entrega que hacen es una joya nada de esto importa, como esta película.

Al morir su madre alcohólica, Calabacín es llevado a un orfanato al cual han sido llevados otros niños que por distintas razones (consumo de drogas, deportación, abuso sexual) han sido retirados de la custodia de sus padres. Será ahí donde Calabacín poco a poco comience a formar una nueva familia.

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La vida de Calabacín sorprende porque los mensajes sobre temas como el abandono, la drogadicción, el rechazo, el bullying, el abuso sexual en niños y el racismo hacia los negros y musulmanes, no son subliminales ni se encuentran ocultos en capas de análisis,  dejando de lado la condescendencia que solemos tener hacia los niños.

La historia nos confronta, a su vez, con los estereotipos que Hollywood nos ha implantado en películas infantiles que giran en torno a la orfandad. Como cualquier película para niños y adultos, por supuesto que cuenta con ciertos clichés o escenarios que sabemos que sucederán, pero sin duda impacta la naturalidad, ternura y emocionalidad de la película, así como su humor infantil.

Al estar cerca de Estados Unidos hemos entendido las películas infantiles y animadas de una forma, sin embargo existe todo un universo posible alrededor de la animación. Para aquellos que conocen el proceso de esta artesanía sabrán apreciar el trabajo, horas y esfuerzo que tomó realizar esta película de 60 minutos sin un estudio del tamaño de Pixar detrás.

Actualmente se encuentra en la Cineteca Nacional, como parte de la 62º Muestra Internacional de Cine, aquí te dejamos los horarios. Posteriormente se estrenará en salas comerciales.