Una pregunta surge desde los tiempos en que el lenguaje apenas era balbuceo. Poco a poco la palabra fue cercando entre dos signos de interrogación al animal. El lenguaje buscó someter a la bestia, la domesticó, o por lo menos eso pretendió.

Esta nueva valla del ser humano apresaba a la fiera. Desde entonces, esa diferencia viva, que respira, ese cuerpo ajeno que nos acecha desde alguna parte de un bosque hondo, nos mira, y su mirar es donde podemos ser quienes somos. Lo animal es aquello que no es el ser humano: ante los que andan a cuatro patas, permanece de pie orgulloso. Lo animal es eso que no somos y que por lo mismo nos define negativamente.

 ¿Pero acaso el ser humano tan sólo se ha inventado a sí mismo desde la diferencia?, ¿es completo este proceso de producción de lo humano si se deja de lado a las plantas? De cualquier forma, no es tan sólo por este camino desde el cual el ser humano se define. ¿Qué pasaría entonces si dejáramos de ver al Pegaso desde nuestra ficción? ¿Por qué no ver al animal como un ser distinto en todo sentido? Arrojar la palabra por la ventana es renunciar a ser testigos de la naturaleza. Definitivamente el precio es muy alto. Pero ¿de qué otra forma los liberaríamos realmente del cautiverio? La naturaleza no es sino aquello que no tiene ojos. Y ¿qué somos nosotros sino opacidad concentrada? Pura contradicción hecha duda.

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El ser humano es un inquisidor implacable y en sus artefactos yace la verdadera pregunta: ¿podemos manejarlo todo con nuestras manos?, ¿podemos acaso domar al salvaje? No importa con cuantas cadenas sujetemos el cuerpo herido de un paquidermo, parecería que no nos alcanza el abecedario para nombrarlo. El péndulo oscila entre la anulación propia y la afirmación del otro. ¿Y si no fuera sólo eso?, ¿qué lugar ocupa la planta? Falsas identidades o disyuntivas vigentes. Preguntas vitales saciadas por una metáfora ornamentada de conceptos.

De cualquier forma, el ímpetu humano es rapaz. Hasta cuando considera al animal como un cuerpo digno le marca con un hierro hirviendo su rotulo o, en el peor de los casos, el de su precio. ¿Cuántos son los caminos en los que puede el ser humano pensar que el animal es su mascota o su alimento? ¿Cuál es la diferencia entre la costilla de cerdo empaquetada y verla brotar de un cuerpo sangrante en el matadero? La plaga bañada en insecticida ¿no será acaso el reflejo líquido de nuestra transparente y delicada frontera? La dignidad del toro sacrificado en medio de la plaza, la dignidad del puerco que alguna vez hizo temer al ser humano por sus dioses. Todo eso no es sino el olvido paulatino de un ritual hoy inútil.

Las preguntas anteceden siempre a la respuesta, pero en este caso es nuestra propia cárcel urbana es la que define el sitio desde el cual lanzamos nuestras dudas. “Lo animal como bio-artefactual” constituye el esfuerzo conjunto de una serie de reflexiones que giran en torno de estas preguntas urgentes, pero sobre todo vitales. Mirarnos de frente y tener conciencia de la diferencia para finalmente espetar la pregunta a los espectadores: ¿Quiénes son ellos si no son un constructo humano?, ¿qué es el animal cuando no lo estamos viendo? Y responder que es todo eso que no jamás seremos.

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Lo animal como bio-artefactual es el coloquio internacional organizado por el grupo de Arte+Ciencia con ayuda del Programa Universitario de Bioética. Se llevará a cabo del 12 al 14 de mayo en el Salón de actos de la Facultad de Filosofía y Letras en Ciudad Universitaria. Coordinan la Dra. María Antonia González Valerio y Dr. Rafael Guevara Fefer. Como parte de las actividades del coloquio se llevará a cabo el día 13 una serie de encuentros o speed metings donde se presentará el trabajo y proyectos de artistas y teóricos especializados en medios vivos y tecnología.

Paralelamente, se desarrollará los días 21, 22 y 23 de mayo el taller teórico-práctico Antropología del cerdo, el cual girará en torno de la bioartefactualidad y la animalidad. El taller entre otras actividades contará con la Cocina-lectura-performance: “Cerdo a la sexta” patrocinada por Hostería la Bota y Mantarraya ediciones del poeta y difusor cultural Antonio Calera-Grobet. El trabajo del taller se centrará en las relaciones entre humanos y cerdos.

Para mayor información visitar: Arte+Ciencia.

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