El sábado 03 de diciembre fue la fecha más esperada para los amantes de los sonidos oscuros que gustan de indagar en un género con múltiples diversificaciones y serias teorías en cuanto a sus orígenes: el metal. De esta manera, la dupla Festival Bestia y Festival Aural presentaron un concierto que complacía a los fans más reacios y a los gustos más exigentes.

Si bien la música no es un lenguaje que describa tal cual la forma en la que la sociedad se ve, como apunta Karina Morales, si es un reflejo y una “representación y la proyección de las estructuras sociales e ideológicas que la rodean, es una extensión simbólica capaz de conformar identidades, propagar ideas y construir comunidades que pueden trazarse a partir de la música o viceversa”[1].

dsc00035

Así, a partir del metal y sus derivaciones podemos darnos cuenta que más de una generación gusta de inyectar a sus oídos los bombos profundos y riffs arriesgados como respuesta enérgica a los contras, pros y contradicciones del contexto mexicano. Por otro lado, más allá de un género que se ha estancado en el tiempo, Bestia y Aural presentaron propuestas que integran elementos “nuevos” y le dan un aire de experimentación que se basa en la transformación de las estructuras conocidas.

El concierto comenzó con Cleric, banda Philadelphia con Nick Shellenberger en los teclados eléctricos y voces,  Larry Kwartowitz  en la batería, Matt Hollenberg en la guitarra y pedaleras y Daniel Kennedy en el bajo. Sin duda el elemento crucial de la banda fue el teclado, que acompañaba la voz de Shellenberg fundiéndose con el scream en algunas ocasiones lo que ofrecía interesantes timbres y en algunas otras, ofreciendo solos que reemplazaban riffs guitarrozos.

aural

El segundo acto perteneció a Simulacrum, proyecto interpretado por Jhon Medeski en el órgano, Matt Hollenberg en guitarra y Kenny Grohowski en la batería y en donde la sombra de Jhon Zorn se mantuvo presente como mente detrás de la composición. Jazzmetal que sí suena bien, a diferencia de muchos intentos de fusión existentes en la actualidad, Simulacrum ofrece un ensamble de alcurnia para aquellos que disfruten de escuchar sonoridades pesadas y quizá demasiado tranquilo para quienes prefieren descargar su energía en el slam.

Finalmente tocó el turno a la mítica banda Godflesh, acto que por fin hizo headbanguear a los asistentes –una ausencia que hasta entonces parecía extraña en un concierto metalero–. Los pioneros del grindcore ofrecieron sonidos robustos mas no irrespirables ni veloces al extremo como otros subgéneros del metal. La ausencia de batería en vivo quedó subsanada por la programación de bases rítmicas potentes con sonidos de bombos que llegan a las entrañas sin la necesidad de un intérprete en vivo. Sin duda su primera presentación en el país dejó buen sabor de boca entre los fans, que coreaban las letras y movían la mata con un buen vaso de chela en la mano.

Así, la expresión característica de Aural, un festival que siempre apuesta por la experimentación, hizo un genial mashup con la pesadez de Bestia que esperemos sigan realizado en futuras ediciones.

[1] Morales, Karina. Black Metal. Museo Universitario del Chopo-UNAM- Agosto-Septiembre 2016. P 11