Puedo desde aquí, ver a los pequeños, diminutos coches que se apelotonan en cualquier calle esperando a que pase la lluvia. Puedo, con el temblor del miedo y de la expectativa, mecerme sobre esta cuerda hecha toda de mi pelo. No se bien en qué momento trepé por lo largo y alto de mi trenza. Subí sonámbula, tejiéndome una ideología, un modo de vida. Tan sola y tan desde lo alto, logro verlos a ustedes, a ti, desde estos abismos invertidos.

Reconozco que he decidido columpiarme al borde de una caída fatal que bien podría destruir todas mis ganas. Acepto, algunas veces con terror y otras con un reconocimiento turbio y una suave risa que oculto de todo quien me observa, que agito la cuerda a voluntad; la enredo, y le desgasto partes para colmarme de emociones diversas. En medio de la desolación absoluta del fin, disfruto. Saboreo reconstruir e inventarme formas que me permiten seguir balanceándome.

funambulista

Me gustaría invitarlos a subir conmigo. Pedirte a ti, con la mano extendida y los ojos llenos de tus labios, que saltes. Que des un paso: desde tu política hasta el balanceo de mi cuerda. Trepa a través de tu habilidad funambulesca y llega a mi vértigo absoluto. Este mí vacío con gusto agridulce.

Porque el terreno sólido se ha derretido en tedio y yo me quedo dormida entre parques y lecciones. Las alturas se han cubierto de insomnio, de palabras y de asaltos intempestivos dentro del pecho. Tengo los sentidos alerta para no caer, mas sabré aún acomodarme entre tus piernas.

Buscar las posiciones exactas y el ritmo justo para recorrer el mundo desde mi circo; donde esta carpa a cogido fuego y el silencio se ha vuelto tambor.

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