Utopía:

Sirven para resistir y modificar el aquí y el ahora.

Independientemente del valor que puedan tener para el futuro,

las utopías tienen consecuencias en el presente:

la vida se vive de una manera distinta cuando se piensa

que otro mundo es posible.[1]

– Luis Reygadas.

Inamovible. Distante, el pasado representa nuestros fallos, nuestros aciertos. En ese rebuscado pensamiento que se ensimisma, propongo enunciar el presente en una constante que se define en acciones.

Partiendo de ese punto, las identidades se construyen al alimentar y al dar de beber al cuerpo y al espíritu. Complementos de nuestro vehículo en este mundo, la bebida y comida, nos identifican, nos muestran quienes somos y a veces quienes queremos ser. En elecciones nos vamos definiendo. ¿Chela o mezcal? ¿Ron o whisky? ¿Vino o ginebra? ¿Un restaurante o la comida de mamá? ¿Un café o un tintico? ¿Cocinarle a tu pareja o que ella te cocine? ¿Por qué no cocinar juntos?

De estas elecciones salimos en busca de opciones para satisfacer nuestras necesidades. Llegamos a lugares con una carga cultural y emocional impensable. Sitios que ante la incipiente oferta masificada de consumo se valen de la creatividad para hacer de una mezcla de nostalgia, costumbres y tradiciones modelos de negocio que empalman la cultura de otras regiones, creando un abanico multicultural. La nuestra se convierte en una ciudad que aspira de muchas culturas y exhala una identidad propia.

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Al toro por los cuernos: Hostería la Bota

Beber, comer y leer son tres placeres que efímeros en su momento dan un sentido de libertad y elección. Hacer los tres a la vez se vuelve un goce que aviva los sentidos. El lugar que a continuación se describe propone y dispone su espacio para el continuo deleite de dichos placeres.

Mitad vascos, mitad jarochos, los hermanos Grobet son pioneros en picar piedra y esculpir la amorfa y surrealista gestión cultural (2005) en la CDMX.

De la cultura del buen comer a la cultura del buen beber, Hostería la Bota es un Cultu-Bar ubicado en la calle de San Jerónimo #40 en el Centro Histórico, que de manera multidireccional impulsa la creación en varios niveles; desde el fomento de la palabra escrita con la editorial Mantarraya –con más de 70 publicaciones en su existencia– y con “la Chula”, un proyecto de fomento a la lectura y el tráfico de ideas, hasta la propuesta gastronómica que se oferta en el recinto situado enfrente del Claustro de Sor Juana.

La varidad de la carta va desde un chatito de tinto, una cerveza o un buen mezcal acompañados por un TTT (Tremendo Trancazo de Tocino), un Rollo Árabe, unas suculentas tapas o una rica paella. La suya es una cocina que se reinventa con la cocina tradicional tomando los ingredientes de diversos estilos de cocina como son la mexicana, la española, italiana, añadiendo siempre el ingrediente más importante para todo platillo: “el amor”.

Los integrantes de “La Bota” nos recuerdan que la familia es un gran respaldo cuando de emprender se trata. Con un decorado muy peculiar de recuerdos de la infancia y la familia, el objeto capturado en los muros emula las memorias acumuladas en una mente que puede aún acumular más.

Le provoca un Tintico…: Mexiquito

De Octavio Paz a García Márquez, de Héctor Lavoe a Vicente Fernández, de un Cafecito a un Tintico, de las ansias de fiesta a la preocupación por la violencia, México y Colombia tienen mucho en común. No es casualidad que la calle república de Cuba se construya con ofertas diversas, y está en particular que tiene la comida colombiana y la identidad latina. Presenta un ensamble de sabores, ritmos y mezclas de bebidas tan mestizas como el público que transita en la CD MX.

El guaro es al mezcal lo que la chicha al tepache, igual hacen divertirse que emborracharse. Los procesos de fermentación son similares, los fines son los mismos; a veces divertirse, perder la razón, muchas más. A ritmos para bailar o recordar, la emoción o la tristeza son parte de quienes nos decimos latinos.

Aquellos que transitan dispersos y curiosos y deciden entrar se asombran con la arepa, y aquellos colombianos que decidieron probar suerte en Mexiquito, recuerdan con nostalgia su tierra.

Beber y comer es un placer único que se puede vivir de forma diferente cada día.

La gestión de la cultura, es un combate diario. En un sentido, es el fomento al consumo de productos originarios, de usos, costumbres y tradiciones que, al olvidar quienes somos, denigramos con pensamiento malinchista, porque solemos descalificar aquello que no tiene una campaña millonaria de publicidad.

En México se genera desde épocas de la conquista un choque cultural que el pueblo originario ha sabido amoldar a su forma de vida, y aun hoy en tiempos del consumo masificado nos reinventamos para no ser unificados en una sola identidad. Sí, el alcohol y la fiesta son parte de nosotros; no dejarlo a la ligera es de conocedores.

Y así querido lector, al recordar que de las utopías se crean realidades, se deja siempre la puerta abierta a la creación. Beber, comer y leer son elecciones que nos pueden hacer más felices cada día, y en México vaya que sabemos elegir.


[1] Reygadas Luis. 2014. Más acá y más allá de la utopía. Dilemas y Potencialidades de las economías alternativas. “Economías alternativas.” Reygadas: Pozzio; García; Santillán; Maza; Coord. UAM-I. México. 2014.