Probablemente muchos de ustedes, al igual que yo, nunca hayan escuchado hablar del “periodismo gonzo”, género que surge en los 70 y que retoma la revista Rolling Stones. Un género que manda al caño al periodista objetivo y le sugiere que se sumerja en las entrañas de lo que reporta, sin importar si modifica el entorno. Un periodismo que parece haberse inspirado en la generación beat. Su padre es el escritor de esta novela.

La maldición de Lono comienza con lo que sería “el escaneado” de una invitación que hace la revista deportiva Running a Hunter S. Thompson para cubrir el maratón de Honolulu en Hawai; seguido a esto, el periodista le escribe a su amigo dibujante, Ralph Steadman, explicándole que “un pendejo” que dirige una revista les acaba de regalar un mes pagado de vacaciones en Hawai.

Portada-La-maldición-de-Lono

Para Thompson esta es una oportunidad para sumergirse en la isla, su historia, conflictos, misticismos, segregaciones y leyendas. Haciendo un paralelismo entre la llegada del conquistador británico James Cook, las Cartas desde Hawai de Mark Twain y su propia estancia, nos sumergimos en la crónica de un viaje narrado en distintas épocas que sólo encuentra coherencia en la locura y los excesos del autor.

Desde el principio y hasta el final el autor, nativos, y compañeros de viaje constantemente repetirán una cosa: en la isla, todos están locos. Thompson internalizará  la leyenda de Lono, deidad del exceso y la abundancia, hasta creer que esta figura ha reencarnado en él, transformando lo que tendría que haber sido una estancia al borde del mar en viajes de pesca alucinantes, tormentas tropicales mortales, encuentros misteriosos, paranoia y una estancia en un santuario dedicado a proteger a los diablos.

No podríamos haber esperado menos del autor de Fear and Loathing in Las Vegas. La maldición de Lono, editada por Sexto Piso, no sólo se convierte en una puerta al periodismo gonzo y a una nueva manera de abordar la realidad, sino también al misticismo delirante de un país.