¿Por qué la gallina cruzo el camino?

Para llegar al otro lado…

– El Oso Fozzie

El semáforo se pone en rojo, dos niños irrumpen a mitad de la calle, ambos llevan pelucas sucias, con pompas exuberantes, bailan y hacen malabares durante los escasos tres minutos que dura la luz roja. El niño que me acompaña miraba atento desde la parte trasera, se pone feliz y se ríe cuando el payaso más grande sube al pequeño a sus hombros y sus exuberantes pompas bailan por los aires.

¿Por qué reímos? A veces lo hacemos por nervios, las más por alegría. De lo chusco a la burla, las mejores sonrisas son las espontáneas, esas que sorprenden, que cambian el ánimo y de forma súbita la emoción se hace presente.

La producción de risas se ha profesionalizado al paso de la historia de la humanidad. Se han generado espectáculos que aparte de entretener o asombrar buscan llevar al rostro de los asistentes esa mueca desmedida que emite el sonido de la felicidad, la carcajada.

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Narra Amerigo Vespucci, en su texto Modus Novus (1502-1515), sobre la conquista de América, que «una vez que los blancos trajeron a los primeros salvajes a España, estos fueron incluidos en los desfiles, pues atraían la curiosidad del pueblo por su aspecto físico, por sus juegos malabares, sus acrobacias, y su modo de jugar con una pelota de goma sin tocarlas con las manos ni con los pies…»[1]. Algunas formas perduran para siempre y de ellos resultan algunos iconos.

Dando un salto vertiginoso, pero sin perder de vista que figuramos en el imaginario colectivo, la diversión a través del espectáculo, las grandes carpas, los circos itinerantes y teatros del siglo XIX y XX en México y Europa son atracciones que anuncian el preludio de las grandes producciones que vivimos hoy en día.

Haciendo circo, maroma y teatro.

Los símbolos emblemáticos del teatro griego son las máscaras de la comedia y la tragedia, la dualidad de la felicidad y la tristeza, esa que envuelve la gama de emociones humanas. En lo cotidiano nos enmascaramos, a veces reímos o lloramos, pero hay personajes que hacen de la pantomima una mascara para expresar ambas emociones; con recursos teatrales, forman actos a partir de problemáticas sociales, hechos históricos o ejes temáticos, que dotan al espectador de la capacidad de reírse de los problemas, de las autoridades y hasta de ellos mismos.

En México un precursor inigualable surge en 1841, en Monterrey Nuevo León, y hacía 1855 decide asentarse en la antigua calle de Reloj (hoy república de Argentina), en la hoy Ciudad de México: en “…un modesto local con grandes pretensiones que se llamó Teatro del Relox, espacio donde se presentó durante varios años Don José Soledad Aycardo mejor conocido como “Don Chole Aycardo”[2], ecuestre, payaso, titiritero, acróbata y versado, quien sentaría las bases de la comicidad en México.

Propaganda del Circo Teatro Orrin, ubicado en la Plaza Villamil, hoy Plaza de Santo Domingo. tomada del libro “Bell”.

Propaganda del Circo Teatro Orrin, ubicado en la Plaza Villamil, hoy Plaza de Santo Domingo. tomada del libro “Bell”.

El 21 de Febrero de 1891 se inaugura en la antigua plaza Villamil, hoy plaza Aquiles Serdán, donde se ubica el Teatro Blanquita[3], el edificio Teatro Circo Orrin, con capacidad para tres mil butacas, al más puro estilo francés, y de la mano de la visión porfiriana. El muy querido payaso Ricardo “Bell”[4], sería la estrella de aquel recinto, con representaciones de la historia de México, clásicos de la literatura representados a través de la mímica. Bell enamoró por más de dos décadas al público mexicano.

A finales del siglo XIX (1897), en París se revoluciona la comedia payasesca – como nos muestra el film “Chocolat” (2016)[5] de las manos del dúo Augusto y el Cariblanco, los cuales hicieron fama en las funciones en el “Palais des Pantomimes. NOUVEAU CIRQUE” (Palacio de las pantomimas. Nuevo Circo)– al incluir a un negro que hace de bufón del payaso blanco, y deja ver ese racismo con aires de superioridad que se vive y del cual cierta clase se puede mofar.

Fotit y Chocolat, 2016, Film “Chocolat”.

Fotit y Chocolat, 2016, Film “Chocolat”.

A principios del siglo XX en Inglaterra, un chico llamado Charles Chaplin hacía carrera en circo y teatro. En 1910, ya consolidado, es parte de la gira del circo más famoso de Inglaterra, el “Karno”, y emprende una gira en Estados Unidos, la cual traería su subsecuente incursión como actor de cine. Con su inolvidable personaje “Charlot”[6], el vagabundo, Charles Chaplin produciría gran número de producciones fílmicas como Tiempos Modernos (1936) o El Circo (1928), y con su peculiar estilo de caminar, su bombín y su bigote se convirtió en un referente mundial para aventurarse en el mundo de la comedia.

Estos personajes son precursores, abrieron un camino, que muchos más han ensanchado, y que hoy podemos recorrer y apropiarlo.

Hay emociones que guardamos para uno, pero la risa… la risa mis estimados, esa se contagia. De la más discreta a la carcajada, da un respiro del estrés a quien la práctica, por eso es importante reír.


 

[1] Zabala, H. América inventada”. Fiestas y espectáculos en la Europa de los siglos XVI al XX. XVII Coloquio Internacional de Historia del Arte, Historia e Identidad en América / Visiones comparativas TOMO I. Edit. Curiel, G. González, R, Gutiérrez, J. UNAM Instituto de Investigaciones Estéticas 1994, Pág. 33.
[2] Rebolledo C, J. “La fabulosa historia del circo en México”. CONACULTA, 2004. México.
[3] Algunas fuentes ubican la antigua Plaza Villamil en Santo Domingo y otros
[4] Bell,S. (1984) “Bell”. Sin Editor. México.
[5] ZEM, Roschdy. (2016) “Chocolat”. Gaumont. Francia.
[6] Bromberg, S; Lange, E. (2013). “La Naissance de Charlote”. Steamboat Films et Arte France. Francia.