Fue hace once años que sonó el despertador. La verdad no me quería levantar, ese era el día, el maldito día en el que debía rendirle cuentas al jefe. Ya iba tarde pero no me preocupaba mucho, el Delegado y el Encargado de Cultura no eran exactamente puntuales. En esos días el poder de la imaginación dentro de mi cabeza estaba agotado. Salí, todavía era de noche, el aire estába frío, en mi mano apreté fuerte los 4 pesos del pasaje, como si tenerlos en la mano hiciera que llegara más rápido el camión… Entré al metro ¡Ufff! Por lo menos ahí está calientito. Apretado entre todos los que viajan tarde o temprano, la mitad dormía, creo que yo seguía dormido. Tenía que mentalizarme y empezar a pensar.

Llegué a la delegación, los teléfonos ya repiqueteaban, instantáneamente veo la jarra de café. ¡Perfecto, por lo menos ella ya está despierta y trabajando!

Entra el Delegado y el Encargado de Cultura, ni modo, a mal paso, darle prisa. Entramos todos a la sala de cristal. Para mi buena suerte y la mala de otros, cientos de personas se juntaron en la explanada delegacional exigiendo se resolviera el caso sobre la construcción de un nuevo centro comercial que afectaría el tránsito ya caótico en la zona. La junta se cancela y la terrorífica próxima cita se cambia para la tarde ¡Ufff! Aún podía iluminarme y cumplir el capricho.

Llegó la hora de la comida, era mí última oportunidad para conquistar y conservar la chamba; un magno evento donde se pueda reunir a muchas personas en forma de verbena, llegó mi plato y ¡Zaz!… como si hubiera sido tocado por todas las manos de Visnú, lo tenía, empecé a concentrarme en la torta que estaba esperando enfrente, le vi una sonrisa, el queso se mezclaba con la milanesa y escurría como cascada entre el pan, el aguacate hacía  de arbusto dentro de ese oasis. Entonces pensé: ¿cuántas formas de hacer torta existen el mundo?

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Dentro de todos mis años de trabajo como encargado de prensa y creativo de la delegación, nunca había llegado tan lejos, era el momento en el que podía destapar la botella de sidra y celebrar. ¿Cómo era posible que a nadie se le hubiera ocurrido la gloriosa idea de organizar una feria de la torta? En fin…

Luego todo corrió a prisa, llegó la junta, llegó el momento y divinamente salieron de mi pecho las palabras finales: «hay que organizar la Feria de la Torta, miles de personas elaborando tortas de todos colores y sabores, es una idea única, novedosa, cool y popular, y lo mejor de todo: hay que elaborar la torta más grande del mundo». Después, en la sala de juntas se presentó un silencio incómodo en donde nadie sabía que decir… fueron minutos traducidos por mí en siglos. De pronto, una pequeña sonrisa maléfica explotó en la cara de mi jefe, sus manos se juntaron y comenzaron a chocar, los demás trabajadores se pusieron de pie y aplaudieron también. Había sido la mejor idea en años, por no decir, la única…

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Hoy, años después, se lleva a cabo la 11ª Feria de la Torta que del 30 de julio al 3 de agosto estará complaciendo el apetito de los capitalinos. La feria se encuentra en la explanada de la delegación Venustiano Carranza y se puede visitar a partir de las 10 am.