La Segunda Guerra Mundial es, sin duda alguna, uno de los períodos históricos que más han llamado la atención de directores, productores y escritores en la historia del séptimo arte. Desde Hollywood a Europa, de drama a comedia, de grandes clásicos como La Lista de Schindler (1993) y Casablanca (1943), hasta películas independientes que nadie conoce, la lista de cintas que relatan los horrores de la guerra es interminable.

La razón de esto, pienso yo, es que existe una cantidad bastante grande de diferentes perspectivas sobre este suceso y esto permite que, aún hoy en día, se sigan encontrando historias que valgan la pena contar. Este es justo el caso de Cordero de Dios, la cual no sólo sobresale por ser una película de la Segunda Guerra Mundial dirigida por una mujer, sino porque es una de las pocas que se preocupa por evidenciar las repercusiones que tuvo la guerra en comunidades aparentemente al margen de la misma.

efd75-inocentes3

En esta ocasión, la directora Anne Fontaine nos trae la historia de Mathilde (Lou de Laâge), una doctora francesa quien, mientras trabaja como voluntaria en Polonia para recuperar y repatriar soldados franceses, recibe la visita de una monja que apenas puede pronunciar dos palabras correctas en francés. Mathilde no habla polaco, pero entiende que esta monja necesita su ayuda, así que decide ir con ella a un convento aledaño para ver de qué se trata. Allí se topará con una situación escalofriante; varios soldados rusos decidieron que les hacía falta el contacto femenino, y la solución fue violar a varias de las jóvenes monjas.

La razón por la cual necesitan desesperadamente a Mathilde: de las veinte monjas que residen en el convento, por lo menos siete quedaron embarazadas, y debido a que el nuevo régimen no tendrá ningún tipo de clemencia con unas monjas que rompieron sus votos de castidad, la Madre Superiora ha decidido mantener este suceso en secreto.

Lo que sucede a continuación es irrelevante, pues esta es una de esas películas cuya historia no sobresale tanto como su ejecución. Su mayor virtud reside en la capacidad que tiene de contemplar a sus personajes, sin llegar a juzgar las decisiones que toman en ningún momento. Todos tienen virtudes y falencias, son seres humanos que se han visto enfrentados a una situación horrible, y cada cual reaccionará de la única manera que puede ante esta ocurrencia.

Mathilde es una persona que entiende de primera mano la situación, y junto a su compañero de trabajo Samuel (Vincent Macaigne), se asegurará de que las monjas tengan un embarazo saludable y un parto que cumpla con los estándares médicos disponibles. Aunque no está de acuerdo con el hecho de que este horror se mantenga en secreto, también se siente en obligación de hacer parte del mismo por el bien de todas, hecho que causará que su situación laboral se complique.

20150129_annawloch_aeroplan_film_0059-1-2

La Madre Superiora, interpretada por Agata Kulesza (quien hace poco interpretó a la tía de una monja en la espectacular Ida (2014)), es quizás el personaje más complejo y conflictuado. Ella tiene la certeza de que está haciendo las cosas bien; “yo me condené para salvarlas”, dice en algún momento de la cinta. Y se lo creemos. Incluso, bajo las terribles circunstancias, ella tiene la convicción de que un evento así sólo puede reforzar su fe. Lo podemos ver en su mirada, en su comportamiento. Y ¿quién puede decir que no, cuando su único consuelo siempre ha sido la religión?

Las otras monjas no se sienten igual que ella. Muchas llegaron al convento huyendo de otras tragedias como la pérdida de sus seres queridos, de sus hogares, de sus vidas, y en el único lugar que consideraban seguro encontraron el peor de los horrores. “No importa cuánto rece, no logro encontrar consuelo”, dice la monja María, quien es interpretada magistralmente por Agata Buszek. Este personaje, la mano derecha de la Madre Superiora, es quizás el más interesante, porque nos muestra cómo una religión puede nublar el juicio de una persona, e incluso provocar que entre en conflicto consigo misma.

La cinta es un ejercicio de observación; del día a día del convento, de la vida de Mathilde, de la tragedia de las que quedaron en embarazo, y al ser un ejercicio tan exhaustivo, puede dar la impresión de que la historia no avanza en ciertos momentos. En mi opinión, son estos detalles los que hacen que esta película sea tan rica en contenido, porque nos permite conocer a sus personajes a profundidad, y nos mete en el mundo en el que viven. Por esto mismo, les pido que no permitan que el ritmo frenético en el que vivimos día a día les afecte el criterio cuando consideren ver esta gran película y, sobre todo, no dejen de verla si tienen la oportunidad.

Proyectándose en la Cineteca Nacional, en Le Cinéma.