Probablemente cualquier estudiante de Comunicación escuchó en alguna de sus clases los nombres de estos dos intelectuales alemanes, parte central de la nueva exposición del Museo Universitario de Arte Contemporáneo.

La distancia entre Pontresina y Zermatt es la misma que la de Zermatt a Pontresina, montada por Camel Collective, expone una serie de cartas intercambiadas entre Theodor Adorno y Herbert Marcuse, en las cuales discuten la posición que los académicos deben tomar frente a los movimientos sociales o estudiantiles.

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A través de un video, en el cual dos actores ciegos leen dichas cartas mientras que un grupo de gaviras, o artistas foley –quienes generalmente crean los efectos de sonido en el cine como el sonar de espadas, caminatas, entre otros– musicalizan  a manera de película el recorrido de los actores por el centro de la Ciudad de México y el Bordo de Xochiaca. El colectivo aborda temas que parecieran permanecer vigentes a pesar del pasar de los años.

Así Marcuse y Adorno se envuelven en una acalorada discusión sobre la teoría y la práxis, así como las situaciones y momentos en que la primera es guiada por la segunda. Adorno explica su indignación frente a las protestas estudiantiles de 1969 y las afectaciones que tienen en sus clases, él las considera un delirio y una regresión, mientras que Marcuse defiende la postura en la cual no se puede asesorar desde el escritorio, alegando que el instituto ha envejecido y que la teoría ya no es inmune a la realidad.

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Este video, más que explicar o mostrar la filosofía de estos personajes, nos plantea reflexiones sobre la búsqueda constante de cómo enfrentar el capitalismo, sobre las contradicciones de apoyar o no un movimiento y las razones por las cuales nos unimos a él; sobre el rol de los intelectuales, policías y burguesías en la desobediencia civil.

El intercambio de cartas demuestra un choque entre las posturas conservadoras y progresistas de estos grandes filósofos, entre distintos contextos y añoranzas que buscan desde su trinchera incorporarse o acoplarse a su realidad. La exposición permanecerá en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo hasta el 23 de julio de 2017.