Parece adivinanza, pero es el nombre la exposición Acordeones de Nuevo León, Fuelle de mi corazón. Una oportunidad para conocer la cultura que gestó este instrumento musical y la variedad de diseños y tamaños que se pueden encontrar hoy en día.

El acordeón nació en la ciudad musical de Viena, en 1829. Fue creado por Demián Cyrill y sus dos hijos, todos fabricantes de órganos y pianos. El otro posible nombre para este instrumento, conformado por una caja con lenguetas metálicas y un fulle manejable, era «eolín». Cyrill lo consideró como un instrumentos bien acojido por viajeros, ya que puede tocarse sin ayuda y en cualquier sitio.

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El acordeón entró a México a principio del siglo XIX cuando inmigrantes checos, polacos y alemanes se asentaron en EUA. De ahí, fue cuestión de tiempo para que cruzara el Río Bravo y se empezaran a escuchar por aquí géneros como el polka y chotis. Sin embargo, las exposición está más enfocada a los aspectos de la identidad neoleonesa reflejada en este instrumento, el cual es epresentativo de su música.

Asimismo, Acordeones de Nuevo León es un reconocimiento a las grandes figuras de este instrumento, como Celso Piña, Lupe Tijerina, Ramón Ayala, Eugenio Ábrego y otros más que han logrado una fusión de géneros emblemáticos con este instrumento.  

Se exhibe en el Museo Nacional de Culturas Populares hasta el 30 de septiembre.